La libertad de elegir

Renovarse o morir, reinventarse, adaptarse a la realidad es uno de los pilares de mi vida en los últimos tiempos. El mercado laboral ha cambiado, la pertenencia a una institución empresarial o social como forma de vida ha muerto. Cada vez más, vivimos en un contexto en el que la que las personas han de hacerse responsables de su propio destino, ser sus propios jefes. El trabajo por proyectos es la clave y la capacidad de ser flexibles para tomar las riendas de tu futuro es el lugar común de las personas que sobreviven.


Definitivamente, hay que apostar por rebelarse contra los estados de animo rémoras: el resentimiento y la resignación y cambiar el foco hacia la ambición y la serenidad. Una vía es la formación, no sólo por el retorno que representa de la inversión, sino por lo que aporta de crecimiento personal y de expansión de nuestro mapa del mundo.


En mi caso particular la apuesta es clara: estoy embarcado en tres cursos.


  • Practitioner en programación Neurolingüística, en el que ya he terminado el módulo clásico y del me quedan dos fines de semana para el nuevo código que John Grinder ha puesto en marcha como renovación de la PNL.
  • Coaching para autores, una especialización de la SGAE en coaching para autores, compositores y creativos
  • Mañana empiezo el curso de coaching de equipos y liderazgo sistémico para profundizar en un campo apasionante.


Solo puedo decir que me siento afortunado por poder estudiar, aprender y crecer como persona, y saber que no sé nada, salvo que el conocimiento es infinito y que lo importantes es cómo recorres el camino, el proceso de enfrentarte a vivir: te instalas en la queja o te subes al carro de la responsabilidad y el compromiso contigo mismo. Es el placer de ser libres y elegir. 


Nueva línea de colaboración con la UDP

Publicado en Adhara.es

 

Hoy el coordinador de la Asociación Adhara, Pedro Salvador ha comenzado un nuevo curso de formación para personas mayores organizado por la UDP en colaboración con Adhara y la Asociación de Personas Mayores de Mazarambroz. Es un curso de 9 horas distribuido en 6 sesiones en el que se tratan aspectos relacionados con el envejecimiento activo, el crecimiento personal, la comunicación y la magia del lenguaje. La acogida en la primera sesión ha sido muy positiva y nuestras expectativas son que el interés sea creciente. Seguiremos informando de nuestras actividades.

Libro "Niños exploradores, Niños creativos"

En una especie de casualidad mágica, llegó este libro a mi biblioteca: durante el curso de PNL que estoy haciendo, Nuria, una participante del mismo, me lo recomendó vivamente. 

 

El libro, de lectura rápida, y amena, nos desglosa aspectos clave de la creatividad de los niños desde un enfoque aplicado. Así mismo, Guzmán López, aborda algunos mitos sobre la creatividad que están en el discurso común y proporciona claves para romper malos hábitos o potenciar habilidades creativas.

 

Es un libro que tienes que tener si tienes hijos o si te interesa el fascinante mundo de la creatividad. Me parece que aporta aire fresco, sistema, orden, metodología y claridad expositiva. 

 

Además, el tratamiento de aspectos como la gestión de la incertidumbre o el  inconformismo, son para todos los públicos, estimulando la motivación para cualquier proyecto que emprendamos, por pura analogía.

 

Lo dicho, agradezco a Nuria, la recomendación de este libro y te sugiero que lo incorpores a tus próximas lecturas.

 


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Dos Leñadores (Publicado en Zona de Optimismo · Revista Aquí)

 

Había una vez dos leñadores que habían alcanzado fama en su reino por la excelente capacidad de talar árboles que tenían. Tal era su prestigio, que el rey decidió enfrentarlos en un combate de tala en su bosque de pinos milenarios para hacer disfrutar del espectáculo a su corte. Los dos leñadores llegaron con sendas hachas.

 

Uno de ellos parecía un gigante, era fornido, con una larga barba y un aspecto bonachón. El otro era delgado, fibroso, muy inquieto y llevaba un fino bigote que acicalaba continuamente. El rey había preparado dos montañas de troncos apilados que ellos debían cortar en pedazos menores, compitiendo durante toda la mañana, justo hasta que las campanas de la iglesia tañeran a mediodía. Tendrían, en total, tres horas de tala.

 

Cuando el rey dio la orden de iniciar aquella especie de lucha contra el tiempo, los leñadores se pusieron manos a la obra. Su ritmo era dispar: el más fuerte golpeaba cada tronco con una energía que hacía vibrar el suelo ante cada impacto de su hacha contra los troncos. El más delgado se caracterizaba por cortar las maderas con un ritmo frenético, muy enérgico. En el bosque se enfrentaba la musicalidad de los graves de un bombo (boom, boom) frente a los redobles de una caja (taca, taca, taca).

 

Durante todo el combate simbólico, el gigante no cesó de golpear con determinación, mientras que el más delgado cada treinta minutos se detenía, desaparecía durante cinco y volvía de nuevo a la carga. Así lo hizo hasta que las campanas marcaron el final del tiempo. El rey felicitó a los dos contendientes y dijo: “Enhorabuena por vuestro trabajo, nunca vi dos leñadores tan buenos en su oficio, vuestra leyenda como taladores es justa. No obstante el vencedor, por poca diferencia es…”

 

Hoy hablamos de tiempo, de esa materia mágica de la que estamos hechos los humanos. Y, la mala noticia, es que no se puede tener más tiempo del que ya tenemos. No obstante, se pueden priorizar nuestras decisiones para optimizar la productividad. En realidad esa es la clave que quiero aportar hoy a nuestra zona de optimismo. Si no dedicamos tiempo a pensar en nuestras acciones, si no apartamos unos minutos cada día para planificar cuál va ser el tronco que talaremos ese día, es bastante probable que quedemos atrapados en una maraña de huidas hacia adelante, listas interminables, sensación de angustia por tener más que hacer de lo que el tiempo nos permite, estrés, precipitación, etc.

 

Termino con el cuento. “…el vencedor, por poca diferencia es… el leñador delgado. Toda la corte estalló en un aplauso ensordecedor. El leñador fornido felicitó con un abrazo sudoroso a su rival y le pregunto: “¿Cómo es posible que yo no me haya detenido ni un segundo, y tú, habiendo parado varias veces me hayas vencido?” A lo que el leñador delgado respondió tocando su bigote: “Porque he dedicado todo ese tiempo a afilar mi hacha”.

 

¿Cómo podemos afilar nuestras hachas? ¿Cómo podemos ser más productivos? ¿Cómo podemos robarle tiempo al tiempo? La respuesta es contraria aparentemente a la razón: parando periódicamente para afilar nuestra hacha. Y digo periódicamente, porque el secreto del éxito, cualquiera que sea tu concepto de éxito depende del poder de la continuidad, de la periodicidad, de la constancia en el proceso.

 

La razón fundamental por la que fallamos al planificar nuestras agendas, al organizar nuestro tiempo, es porque no hacemos una reflexión vital: “¿Para qué hacemos las cosas?” O, dicho de otro modo, fallamos por no habernos parado a pensar cuál es nuestra misión en la vida y por no detenernos cada día un ratito para organizarnos.

 

Prueba a reservar unos minutos para definir qué tronco vas a talar mañana, para decidir y priorizar una tarea por encima de todas las demás. Verás que el hecho de incorporar esta simple práctica a tu día a día, te acercará más a esa mejor versión de ti mismo, a ese yo que marcará la diferencia y empezará a remitir tu sensación de angustia con la falta de tiempo. Recuerda: dedica cinco minutos a planificar cuál será tu tronco diario – tu tarea clave – y comprométete a talarlo a lo largo del día. Cambiar no es tan complicado, solo tienes que ir despacio, descansando y afilando tu hacha.

 

Revista Aquí  

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La ley del equilibrio

 

Dicen que es fácil conseguir que se cumplan tus sueños. De hecho, probablemente, mientras estás leyendo este texto podrás sentir una profunda emoción. Y, quizás, es fácil que notes una energía creciente en tu interior a lo largo de la lectura: Se denomina sintonización.

 

Me decía un viejo chamán en los Andes que sus ancestros contaban que un médico kayawaya les reveló que el secreto de la buena vida consistía en pedir sólo lo que necesitabas y dar sólo lo que te pidieran. Curioso, conocimiento en estado puro extraído de las leyes de la naturaleza indígena.

 

Me pregunto si vas percibiendo cómo somos la energía de las palabras o el flujo de la naturaleza. Y lo somos siempre. Haz la prueba, si respiras tres veces profundamente, uno, dos, tres… es posible que empieces a sentir un bienestar y, por consiguiente, se produzca un pequeño cambio en tu interior, beneficioso para ti, y para tu salud espiritual. Se denomina integración.

 

Tu mente tiene un poder mucho más intenso de lo que nunca has soñado, ¿no crees que está claro? Puedes intentar cambiar una y otra vez, o puedes darte cuenta de que para cambiar tan solo tienes que dejar de repetir las mismas cosas. Y así,  sentado frente al ordenador sabrás que puedes llegar a tener una vida mejor si respetas dos principios: Dar solo cuando se te pida y pedir solo cuando lo necesites.  Es la ley del equilibrio. 

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El gran Elefante Blanco. (Publicado en Revista Aquí)

Publicado en Revista Aquí 

 

 

Había una vez un circo cuya mayor atracción era un gran elefante blanco que tenía una fortaleza fuera de lo común. En su número, que era el momento más esperado del espectáculo, el domador colocaba sobre una plataforma en el suelo dos caballos y cuatro hombres. Mientras redoblaban los tambores y sonaban las trompetas de la orquesta, el elefante enroscaba su trompa en una gruesa maroma y, ayudado por el domador, tiraba firmemente hacia atrás accionando una polea que elevaba la plataforma y su carga.

 

Al llegar a los tres metros de altura, el público estallaba en un estruendo de vítores y aplausos, momento en que el domador le invitaba a depositar suavemente en el suelo la plataforma. Los caballos, ya en tierra firme, daban vueltas con dos jinetes cada uno alrededor del elefante. Al final, todo el mundo se marchaba a casa con una sensación de bienestar y de admiración por la fuerza del gran elefante blanco.

 

Una noche, un niño que cumplía años consiguió el permiso del propietario del circo para visitar al elefante. Cuando llegó al lugar en el que estaba encerrado, su sorpresa fue mayúscula ya que el gran elefante solamente tenía como sujeción una pata atada a una pequeña estaca con un cordel muy fino. Inmediatamente, preguntó al domador que cómo era posible que un elefante tan poderoso no se escapara.

 

El domador, amablemente, le explicó que cuando el elefante, apenas una cría que no se tenía en pie, llegó al circo, le ataron con ese mismo cordel una de sus patas a la pequeña estaca y, cuando trataba de escaparse, el dolor que le producía en la pata le habituó a no intentar huir. Ahora, de adulto, seguía creyendo que, si intentaba escapar, el dolor le paralizaría, por lo que ni siquiera se movía.

 

Personalmente, estoy convencido de que el ser humano por naturaleza nunca deja de aprender, como tampoco deja de buscar el sentido. Sin embargo, esclavizados por una burbuja de inercia, no nos paramos a pensar. Motivados por las urgencias, olvidamos lo importante. Arrastrados por nuestros prejuicios, confundimos la realidad con la imagen que nos hemos creado. Acostumbrados a funcionar con un modelo mental individualista, descuidamos nuestras relaciones sociales. Seducidos por el supuesto éxito profesional, dejamos de dedicar tiempo a nuestra familia. Por miedo a la soledad, compartimos el espacio con parejas que no tienen ya nada que ver con nosotros. Alienados, nos dedicamos infelices a buscar el poder, el prestigio, el estatus, y la riqueza.

 

En este caos vivimos, somos una sociedad enferma, con síndromes culturales tales como la anorexia, la bulimia, los nervios, la ansiedad, la depresión, la fibromialgia y un empacho social sin precedentes. A la vez, es el mejor momento de la historia para disfrutar de la vida: ya no cumplimos nuestra mera función biológica de tener una prole, transferir el genoma y lograr que nuestra descendencia sobreviva hasta ser capaz de volver a reproducirse para morirnos después. El reto (ahora que nos sobra el tiempo) es identificar cuál es nuestra misión en la vida, descubrir cuál es nuestro yo esencial, aprender a conseguir nuestros propósitos y, en definitiva, entrar en el círculo de aprender, desaprender y reaprender hasta romper el cordel que nos inmoviliza, como al gran elefante blanco.

 

Mi propuesta, es la de tratar de acercarnos juntos a un territorio de reflexión y aprendizaje conjugando diferentes disciplinas: la economía, el arte, la antropología, el coaching y la programación neurolingüística, siempre desde una perspectiva creativa que nos ayude a pensar y a crecer como personas. Y, por descontado, intentaré que lo pasemos bien, porque, a mi juicio, no hay nada más apasionante que el conocimiento.

 

Entre otros temas, veremos cómo tomar mejores decisiones, trucos para planificar mejor nuestro día a día, indagaremos en los factores que influyen para conseguir equipos de alto rendimiento, dialogaremos con nuestra vulnerabilidad, veremos la importancia de los sistemas y las relaciones, analizaremos las estructuras ocultas en el lenguaje, abordaremos cómo conseguir vender mejor a través de nuestra observación, e incluso por qué a veces cuanto más nos empeñamos en algo, menos lo conseguimos. De todo esto y de mucho más, hablaremos en esta Zona de Optimismo. Avancemos paso a paso.

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La carrera de Bico

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TERTULIA PNL

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Reseña de El mal de ojo en Toledo en ABC por Joan Gonper

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SIN PARACAÍDAS, SIN RETROVISOR

La libertad de elegir

Renovarse o morir, reinventarse, adaptarse a la realidad es uno de los pilares de mi vida en los últimos tiempos. El mercado laboral ha cambiado, la pertenencia a una institución empresarial o social como forma de vida ha muerto. Cada vez más, vivimos en un contexto en el que la que las personas han de hacerse responsables de su propio destino, ser sus propios jefes. El trabajo por proyectos es la clave y la capacidad de ser flexibles para tomar las riendas de tu futuro es el lugar común de las personas que sobreviven.


Definitivamente, hay que apostar por rebelarse contra los estados de animo rémoras: el resentimiento y la resignación y cambiar el foco hacia la ambición y la serenidad. Una vía es la formación, no sólo por el retorno que representa de la inversión, sino por lo que aporta de crecimiento personal y de expansión de nuestro mapa del mundo.


En mi caso particular la apuesta es clara: estoy embarcado en tres cursos.


  • Practitioner en programación Neurolingüística, en el que ya he terminado el módulo clásico y del me quedan dos fines de semana para el nuevo código que John Grinder ha puesto en marcha como renovación de la PNL.
  • Coaching para autores, una especialización de la SGAE en coaching para autores, compositores y creativos
  • Mañana empiezo el curso de coaching de equipos y liderazgo sistémico para profundizar en un campo apasionante.


Solo puedo decir que me siento afortunado por poder estudiar, aprender y crecer como persona, y saber que no sé nada, salvo que el conocimiento es infinito y que lo importantes es cómo recorres el camino, el proceso de enfrentarte a vivir: te instalas en la queja o te subes al carro de la responsabilidad y el compromiso contigo mismo. Es el placer de ser libres y elegir. 


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Nueva línea de colaboración con la UDP

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Libro "Niños exploradores, Niños creativos"

En una especie de casualidad mágica, llegó este libro a mi biblioteca: durante el curso de PNL que estoy haciendo, Nuria, una participante del mismo, me lo recomendó vivamente. 

 

El libro, de lectura rápida, y amena, nos desglosa aspectos clave de la creatividad de los niños desde un enfoque aplicado. Así mismo, Guzmán López, aborda algunos mitos sobre la creatividad que están en el discurso común y proporciona claves para romper malos hábitos o potenciar habilidades creativas.

 

Es un libro que tienes que tener si tienes hijos o si te interesa el fascinante mundo de la creatividad. Me parece que aporta aire fresco, sistema, orden, metodología y claridad expositiva. 

 

Además, el tratamiento de aspectos como la gestión de la incertidumbre o el  inconformismo, son para todos los públicos, estimulando la motivación para cualquier proyecto que emprendamos, por pura analogía.

 

Lo dicho, agradezco a Nuria, la recomendación de este libro y te sugiero que lo incorpores a tus próximas lecturas.

 


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Dos Leñadores (Publicado en Zona de Optimismo · Revista Aquí)

 

Había una vez dos leñadores que habían alcanzado fama en su reino por la excelente capacidad de talar árboles que tenían. Tal era su prestigio, que el rey decidió enfrentarlos en un combate de tala en su bosque de pinos milenarios para hacer disfrutar del espectáculo a su corte. Los dos leñadores llegaron con sendas hachas.

 

Uno de ellos parecía un gigante, era fornido, con una larga barba y un aspecto bonachón. El otro era delgado, fibroso, muy inquieto y llevaba un fino bigote que acicalaba continuamente. El rey había preparado dos montañas de troncos apilados que ellos debían cortar en pedazos menores, compitiendo durante toda la mañana, justo hasta que las campanas de la iglesia tañeran a mediodía. Tendrían, en total, tres horas de tala.

 

Cuando el rey dio la orden de iniciar aquella especie de lucha contra el tiempo, los leñadores se pusieron manos a la obra. Su ritmo era dispar: el más fuerte golpeaba cada tronco con una energía que hacía vibrar el suelo ante cada impacto de su hacha contra los troncos. El más delgado se caracterizaba por cortar las maderas con un ritmo frenético, muy enérgico. En el bosque se enfrentaba la musicalidad de los graves de un bombo (boom, boom) frente a los redobles de una caja (taca, taca, taca).

 

Durante todo el combate simbólico, el gigante no cesó de golpear con determinación, mientras que el más delgado cada treinta minutos se detenía, desaparecía durante cinco y volvía de nuevo a la carga. Así lo hizo hasta que las campanas marcaron el final del tiempo. El rey felicitó a los dos contendientes y dijo: “Enhorabuena por vuestro trabajo, nunca vi dos leñadores tan buenos en su oficio, vuestra leyenda como taladores es justa. No obstante el vencedor, por poca diferencia es…”

 

Hoy hablamos de tiempo, de esa materia mágica de la que estamos hechos los humanos. Y, la mala noticia, es que no se puede tener más tiempo del que ya tenemos. No obstante, se pueden priorizar nuestras decisiones para optimizar la productividad. En realidad esa es la clave que quiero aportar hoy a nuestra zona de optimismo. Si no dedicamos tiempo a pensar en nuestras acciones, si no apartamos unos minutos cada día para planificar cuál va ser el tronco que talaremos ese día, es bastante probable que quedemos atrapados en una maraña de huidas hacia adelante, listas interminables, sensación de angustia por tener más que hacer de lo que el tiempo nos permite, estrés, precipitación, etc.

 

Termino con el cuento. “…el vencedor, por poca diferencia es… el leñador delgado. Toda la corte estalló en un aplauso ensordecedor. El leñador fornido felicitó con un abrazo sudoroso a su rival y le pregunto: “¿Cómo es posible que yo no me haya detenido ni un segundo, y tú, habiendo parado varias veces me hayas vencido?” A lo que el leñador delgado respondió tocando su bigote: “Porque he dedicado todo ese tiempo a afilar mi hacha”.

 

¿Cómo podemos afilar nuestras hachas? ¿Cómo podemos ser más productivos? ¿Cómo podemos robarle tiempo al tiempo? La respuesta es contraria aparentemente a la razón: parando periódicamente para afilar nuestra hacha. Y digo periódicamente, porque el secreto del éxito, cualquiera que sea tu concepto de éxito depende del poder de la continuidad, de la periodicidad, de la constancia en el proceso.

 

La razón fundamental por la que fallamos al planificar nuestras agendas, al organizar nuestro tiempo, es porque no hacemos una reflexión vital: “¿Para qué hacemos las cosas?” O, dicho de otro modo, fallamos por no habernos parado a pensar cuál es nuestra misión en la vida y por no detenernos cada día un ratito para organizarnos.

 

Prueba a reservar unos minutos para definir qué tronco vas a talar mañana, para decidir y priorizar una tarea por encima de todas las demás. Verás que el hecho de incorporar esta simple práctica a tu día a día, te acercará más a esa mejor versión de ti mismo, a ese yo que marcará la diferencia y empezará a remitir tu sensación de angustia con la falta de tiempo. Recuerda: dedica cinco minutos a planificar cuál será tu tronco diario – tu tarea clave – y comprométete a talarlo a lo largo del día. Cambiar no es tan complicado, solo tienes que ir despacio, descansando y afilando tu hacha.

 

Revista Aquí  

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La ley del equilibrio

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MODIFICANDO EL CARTEL

REALIDAD CAMBIANTE

Toledo, panorámica

La libertad de elegir

Renovarse o morir, reinventarse, adaptarse a la realidad es uno de los pilares de mi vida en los últimos tiempos. El mercado laboral ha cambiado, la pertenencia a una institución empresarial o social como forma de vida ha muerto. Cada vez más, vivimos en un contexto en el que la que las personas han de hacerse responsables de su propio destino, ser sus propios jefes. El trabajo por proyectos es la clave y la capacidad de ser flexibles para tomar las riendas de tu futuro es el lugar común de las personas que sobreviven.


Definitivamente, hay que apostar por rebelarse contra los estados de animo rémoras: el resentimiento y la resignación y cambiar el foco hacia la ambición y la serenidad. Una vía es la formación, no sólo por el retorno que representa de la inversión, sino por lo que aporta de crecimiento personal y de expansión de nuestro mapa del mundo.


En mi caso particular la apuesta es clara: estoy embarcado en tres cursos.


  • Practitioner en programación Neurolingüística, en el que ya he terminado el módulo clásico y del me quedan dos fines de semana para el nuevo código que John Grinder ha puesto en marcha como renovación de la PNL.
  • Coaching para autores, una especialización de la SGAE en coaching para autores, compositores y creativos
  • Mañana empiezo el curso de coaching de equipos y liderazgo sistémico para profundizar en un campo apasionante.


Solo puedo decir que me siento afortunado por poder estudiar, aprender y crecer como persona, y saber que no sé nada, salvo que el conocimiento es infinito y que lo importantes es cómo recorres el camino, el proceso de enfrentarte a vivir: te instalas en la queja o te subes al carro de la responsabilidad y el compromiso contigo mismo. Es el placer de ser libres y elegir. 


Nueva línea de colaboración con la UDP

Publicado en Adhara.es

 

Hoy el coordinador de la Asociación Adhara, Pedro Salvador ha comenzado un nuevo curso de formación para personas mayores organizado por la UDP en colaboración con Adhara y la Asociación de Personas Mayores de Mazarambroz. Es un curso de 9 horas distribuido en 6 sesiones en el que se tratan aspectos relacionados con el envejecimiento activo, el crecimiento personal, la comunicación y la magia del lenguaje. La acogida en la primera sesión ha sido muy positiva y nuestras expectativas son que el interés sea creciente. Seguiremos informando de nuestras actividades.

Libro "Niños exploradores, Niños creativos"

En una especie de casualidad mágica, llegó este libro a mi biblioteca: durante el curso de PNL que estoy haciendo, Nuria, una participante del mismo, me lo recomendó vivamente. 

 

El libro, de lectura rápida, y amena, nos desglosa aspectos clave de la creatividad de los niños desde un enfoque aplicado. Así mismo, Guzmán López, aborda algunos mitos sobre la creatividad que están en el discurso común y proporciona claves para romper malos hábitos o potenciar habilidades creativas.

 

Es un libro que tienes que tener si tienes hijos o si te interesa el fascinante mundo de la creatividad. Me parece que aporta aire fresco, sistema, orden, metodología y claridad expositiva. 

 

Además, el tratamiento de aspectos como la gestión de la incertidumbre o el  inconformismo, son para todos los públicos, estimulando la motivación para cualquier proyecto que emprendamos, por pura analogía.

 

Lo dicho, agradezco a Nuria, la recomendación de este libro y te sugiero que lo incorpores a tus próximas lecturas.

 


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Dos Leñadores (Publicado en Zona de Optimismo · Revista Aquí)

 

Había una vez dos leñadores que habían alcanzado fama en su reino por la excelente capacidad de talar árboles que tenían. Tal era su prestigio, que el rey decidió enfrentarlos en un combate de tala en su bosque de pinos milenarios para hacer disfrutar del espectáculo a su corte. Los dos leñadores llegaron con sendas hachas.

 

Uno de ellos parecía un gigante, era fornido, con una larga barba y un aspecto bonachón. El otro era delgado, fibroso, muy inquieto y llevaba un fino bigote que acicalaba continuamente. El rey había preparado dos montañas de troncos apilados que ellos debían cortar en pedazos menores, compitiendo durante toda la mañana, justo hasta que las campanas de la iglesia tañeran a mediodía. Tendrían, en total, tres horas de tala.

 

Cuando el rey dio la orden de iniciar aquella especie de lucha contra el tiempo, los leñadores se pusieron manos a la obra. Su ritmo era dispar: el más fuerte golpeaba cada tronco con una energía que hacía vibrar el suelo ante cada impacto de su hacha contra los troncos. El más delgado se caracterizaba por cortar las maderas con un ritmo frenético, muy enérgico. En el bosque se enfrentaba la musicalidad de los graves de un bombo (boom, boom) frente a los redobles de una caja (taca, taca, taca).

 

Durante todo el combate simbólico, el gigante no cesó de golpear con determinación, mientras que el más delgado cada treinta minutos se detenía, desaparecía durante cinco y volvía de nuevo a la carga. Así lo hizo hasta que las campanas marcaron el final del tiempo. El rey felicitó a los dos contendientes y dijo: “Enhorabuena por vuestro trabajo, nunca vi dos leñadores tan buenos en su oficio, vuestra leyenda como taladores es justa. No obstante el vencedor, por poca diferencia es…”

 

Hoy hablamos de tiempo, de esa materia mágica de la que estamos hechos los humanos. Y, la mala noticia, es que no se puede tener más tiempo del que ya tenemos. No obstante, se pueden priorizar nuestras decisiones para optimizar la productividad. En realidad esa es la clave que quiero aportar hoy a nuestra zona de optimismo. Si no dedicamos tiempo a pensar en nuestras acciones, si no apartamos unos minutos cada día para planificar cuál va ser el tronco que talaremos ese día, es bastante probable que quedemos atrapados en una maraña de huidas hacia adelante, listas interminables, sensación de angustia por tener más que hacer de lo que el tiempo nos permite, estrés, precipitación, etc.

 

Termino con el cuento. “…el vencedor, por poca diferencia es… el leñador delgado. Toda la corte estalló en un aplauso ensordecedor. El leñador fornido felicitó con un abrazo sudoroso a su rival y le pregunto: “¿Cómo es posible que yo no me haya detenido ni un segundo, y tú, habiendo parado varias veces me hayas vencido?” A lo que el leñador delgado respondió tocando su bigote: “Porque he dedicado todo ese tiempo a afilar mi hacha”.

 

¿Cómo podemos afilar nuestras hachas? ¿Cómo podemos ser más productivos? ¿Cómo podemos robarle tiempo al tiempo? La respuesta es contraria aparentemente a la razón: parando periódicamente para afilar nuestra hacha. Y digo periódicamente, porque el secreto del éxito, cualquiera que sea tu concepto de éxito depende del poder de la continuidad, de la periodicidad, de la constancia en el proceso.

 

La razón fundamental por la que fallamos al planificar nuestras agendas, al organizar nuestro tiempo, es porque no hacemos una reflexión vital: “¿Para qué hacemos las cosas?” O, dicho de otro modo, fallamos por no habernos parado a pensar cuál es nuestra misión en la vida y por no detenernos cada día un ratito para organizarnos.

 

Prueba a reservar unos minutos para definir qué tronco vas a talar mañana, para decidir y priorizar una tarea por encima de todas las demás. Verás que el hecho de incorporar esta simple práctica a tu día a día, te acercará más a esa mejor versión de ti mismo, a ese yo que marcará la diferencia y empezará a remitir tu sensación de angustia con la falta de tiempo. Recuerda: dedica cinco minutos a planificar cuál será tu tronco diario – tu tarea clave – y comprométete a talarlo a lo largo del día. Cambiar no es tan complicado, solo tienes que ir despacio, descansando y afilando tu hacha.

 

Revista Aquí  

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La ley del equilibrio

 

Dicen que es fácil conseguir que se cumplan tus sueños. De hecho, probablemente, mientras estás leyendo este texto podrás sentir una profunda emoción. Y, quizás, es fácil que notes una energía creciente en tu interior a lo largo de la lectura: Se denomina sintonización.

 

Me decía un viejo chamán en los Andes que sus ancestros contaban que un médico kayawaya les reveló que el secreto de la buena vida consistía en pedir sólo lo que necesitabas y dar sólo lo que te pidieran. Curioso, conocimiento en estado puro extraído de las leyes de la naturaleza indígena.

 

Me pregunto si vas percibiendo cómo somos la energía de las palabras o el flujo de la naturaleza. Y lo somos siempre. Haz la prueba, si respiras tres veces profundamente, uno, dos, tres… es posible que empieces a sentir un bienestar y, por consiguiente, se produzca un pequeño cambio en tu interior, beneficioso para ti, y para tu salud espiritual. Se denomina integración.

 

Tu mente tiene un poder mucho más intenso de lo que nunca has soñado, ¿no crees que está claro? Puedes intentar cambiar una y otra vez, o puedes darte cuenta de que para cambiar tan solo tienes que dejar de repetir las mismas cosas. Y así,  sentado frente al ordenador sabrás que puedes llegar a tener una vida mejor si respetas dos principios: Dar solo cuando se te pida y pedir solo cuando lo necesites.  Es la ley del equilibrio. 

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