FREDERIK TAKKENBERG: TIERRA Y AGUA

FREDERIK TAKKENBERG: HIBRIDACIÓN Y ARTE TOTAL

 

Introducción

 

Néstor García Canclini, en el marco de su obra “Culturas híbridas” nos habla del concepto de hibridación que es algo así como el resultado de una “mezcla cultural” (por simplificar con una idea sencilla para que todos nos entendamos). Canclini nos explica que la hibridación es un proceso de generación de nuevos objetos, de nuevas obras de arte, de nuevas prácticas socioculturales desde la combinación de objetos, obras y prácticas preexistentes. Frederik Takkenberg o Federico, nombre que utilizo habitualmente y como le citaré a partir de ahora, es un autor híbrido, un creador intercultural en el sentido más amplio del término. Su trabajo y su obra proceden de una polifonía infinita de fuentes, lugares, referentes, símbolos, escenarios; propio de personas con una experiencia vital increíblemente rica y una actitud más propia del hombre del Renacimiento que de un hijo de la Postmodernidad.

 

Un pequeño apunte biográfico

 

Federico nace en Bogotá un 19 de septiembre de 1963. Su primer mestizaje es biológico, de padre holandés, Frits Takkenberg, de madre alemana: la extraordinaria fotógrafa Renata Takkenberg-Krohn. Su multiculturalismo le impregna desde la infancia. Desde Colombia migró a  Venezuela, de ahí a las islas Bermudas y en 1977 se traslada a España. Tras un periodo de formación en educación secundaria, cursó estudios universitarios de Bellas Artes en Londres. Vivió posteriormente, en los 90, durante cinco años en USA en NYC y fue, a continuación, a París donde integra su trabajo de diseño y creación de muebles con otras formas de producción plástica, desde la pintura a la fotografía. De París pasó a Toledo, donde tiene establecido su “campamento base”, residiendo actualmente en la ciudad de las tres culturas, pero sin renunciar a una actitud consciente que le convierte en un nómada contemporáneo, en permanente movimiento y evolución.

 

         Algunas pistas sobre su obra

 

            Las etiquetas son nefastas para clasificar a un artista como Federico. Pero se pueden señalar algunas características de su obra:

 

-       En una era de superficialidad, estamos frente a un autor con oficio, que conoce bien las técnicas y los materiales. Por ejemplo, es fascinante ver cómo cada mañana, Jesús Adeva, un albañil de los que quedan pocos en nuestra tierra (y amigo común) pasa por su casa temprano para dar el mortero de cal sobre el que Federico dibuja, diseña y crea con pulso firme una serie de pinturas al fresco elaboradas respetando la tradición más ortodoxa de la pintura mural.

-       En un periodo de una sociedad hiper-especializada, nos encontramos, contra viento y marea, con un creador con una base formal solida en el conocimiento de las bellas artes. Por ejemplo, Federico, en su pintura puede reproducir un bodegón rozando el hiperrealismo si así lo desea, o puede evocarnos a los impresionistas en un paisaje de pinceladas frescas y sueltas. Por ejemplo, en su trabajo que acaba de llevar a cabo en San Francisco, se ha permitido mostrarnos el lienzo de la bahía que rozaba el postimpresionismo, nos ha hecho vibrar con el ritmo del jazz, evocando giros neoplasticistas o incluso nos ha llevado a estados de contemplación pura desde un expresionismo abstracto colorista y atrevido.

 

-       Cuando la corriente dominante se vincula a un estilo ya sea un “ismo”, “un post”, o prefijo/sufijo similar, Federico a puesta por el Arte Total. Este creador se preocupa por la experiencia estética, por aportar belleza al mundo, por producir conocimiento, por ensanchar su espectro de soportes: formato digital, lienzos, madera, carretes analógicos, papel antiguo, etc. Por ejemplo, recuerdo una serie de azulejos diseñados por Federico que reproducen a dos hombres en una especie de danza que se repiten en patrones cíclicos generando un efecto típico del “optical art”. O sólo hay que observar su buen gusto y refinado ojo al crear muebles con evocaciones “Decó” o memoria de la Bauhaus.

 

No pretendo llevar a cabo un análisis exhaustivo de la obra de Federico Takkenberg, ni mucho menos. Tan solo, dar unas pinceladas sobre su trabajo. Y, en este sentido me gustaría finalizar destacando una de sus preocupaciones como autor-creador.

 

      Federico es una rara avis en el mundo de la creación, un productor híbrido que se preocupa por la interacción con el espectador, destinatario último de su trabajo. Cada obra lleva un guiño implícito: desde el barco que simboliza su naturaleza de persona errante, como un Ulises de la Carpetania, o la nave que conecta y pone en contacto a dos (o más) posibles orillas culturales; o la fotografía aparentemente trivial que deja un rosario de interpretaciones al que contempla, fruto de un espíritu generoso y con desapego hacia lo estrictamente material.

 

            Es un placer tener la oportunidad de disfrutar de esta muestra de trabajos escogidos bajo el título de “Tierra y agua” en el Espacio de Arte, Espacio Abierto: Javier Aguado, porque no es fácil acceder a una obra madura de un creador que no sólo se ha permitido casi una década de reflexión antes de volver a la arena del arte, sino que doy fe que lo ha hecho supurando sensibilidad y dándole sentido a su existencia. Sólo por este último hecho, merece la pena conocer su propuesta.

 

Pedro Pablo Salvador Hernández

Antropólogo y creativo

www.pedrosalvador.es

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 Pedro Pablo Salvador Hernández · Travesía de la Plata, 2 · 45001 · Toledo · 648180259 · ppsalvador@me.com