Tener razón o el eclipse del yo

 

Publicado en la Revista aquí

 

 

Puedes elegir entre ser feliz o tener razón. La razón está, definitivamente, sobrevalorada. Esto es así porque confundimos la razón con nuestra razón. Es decir, seguimos empeñados en creer que lo que hay ahí fuera de este cráneo (que nos encierra y que nos da acceso al exterior mediante una serie de orificios) es la realidad. Pues no, no es la realidad, es sólo nuestra realidad. 

 

Un buen amigo me dijo una vez que las personas que se empeñan siempre en tener razón acaban siendo unos “seres absolutamente insoportables”. Sobre las múltiples causas que nos llevan a discutir, a tener conflictos, creo que hay un par de aspectos fundamentales sobre los que merece la pena detenerse: la incapacidad para describir sin interpretar y la incapacidad de escuchar.

 

Siendo la educación universal ¿cómo es posible que no distingamos la diferencia entre describir e interpretar? Describir es ir explicando detrás de los hechos con las palabras y con objetividad. ¿Qué quiero decir? Que primero es la patada al balón y luego la narración con palabras de cómo el niño de pelo rubio se ha dirigido corriendo hacia el balón y lo ha golpeado con la pierna derecha. Esta descripción es universal, lo entendería un esquimal y un bosquimano. No hay nada mío en la narración. Sin embargo, si dijera que un niño bajito, corriendo rápidamente, le ha propinado una furiosa patada al balón grande con la intención de batir al portero, estoy llenando la escena de juicios: ¿bajito, comparado con quién, con un pigmeo? ¿Rápidamente como Usain Bolt? ¿furiosa, en qué te basas? ¿balón grande como un balón de playa, como un globo aerostático? ¿cómo sabes la intención?, etc. 

 

Pasamos media vida sometiendo a interpretaciones las cosas que tienen que ver con los demás. Frecuentemente, imponemos al mundo nuestras gafas, o tratamos que no nos juzguen nuestra perspectiva. Yo me pregunto, ¿como puedo pretender que lo que yo creo sea la verdad, la razón que es válida. Mi cultura es diferente, mi familia, mi experiencia, mis lecturas, y mis relaciones también. Si soy diferente al otro, cómo no vamos a tener desacuerdos y razones distintas. Generalmente interpretamos y, en muy pocas ocasiones, describimos. El choque de prejuicios y presuposiciones nos conducen a la falsa creencia de que casi siempre tenemos razón.

 

Por otro lado, con carácter general no escuchamos. La escucha activa no la practica apenas nadie. Es raro que alguien comience a hablar dos segundos después de que el interlocutor haya realmente terminado. Es más raro que en una conversación, alguien tenga la costumbre de preguntar ¿has terminado ya, te gustaría añadir algo más? Es más raro todavía que alguien no esté pensando en lo que va a decir y, en cuando tenga un hueco (o se detenga a coger aire) interrumpa sin dejar finalizar al otro. Sin embargo, se siguen haciendo cursos en retórica, habilidades discursivas, técnicas de oratoria. Nos empeñamos en seguir aprendiendo a hablar. Si no escuchamos, cómo podemos pensar que el otro pueda tener o no razón, le estamos negando su capacidad de comunicación. ¿Para cuándo un curso de escucha?

 

En mi trabajo como coach, para fortalecer en los equipos la cohesión, la confianza, la necesidad de aprender a discutir y a trabajar con el conflicto, la competencia de la escucha es un factor clave. Ya que discutir, no es algo a evitar, sino a promover: es obligatorio.

 

Indiscutiblemente, la escucha es una de las asignaturas pendientes de nuestra cultura, ya que una sociedad con mayor capacidad de escucha es una sociedad más humanizada. No existe la posibilidad de empatizar y comprender al otro si no lo escuchamos de forma plena.

 

Os dejo, para finalizar, una propuesta de tarea para que la llevéis a cabo si os encaja: Intentad durante un solo día escuchar sin interrumpir a las personas con las que os encontréis. Ese es el reto y os servirá (entre otras cosas) para no caer en la trampa de querer llevar razón y empezar a ser un poco más feliz. Pruébalo y luego párate y reflexiona lo que has aprendido de ti. Sé que te sorprenderás…

 Pedro Pablo Salvador Hernández · Callejón de Menores, 6 · 45001 · Toledo · 648180259 · ppsalvador@me.com