ES SENCILLO: SI FALLAS EN ALGO, FÓRMATE

Cuando inviertes en bolsa y dibujas en una gráfica la evolución de tu capital, descubres que se produce una línea ascendente similar a los dientes de una sierra. Es decir, tu dinero crece de forma progresiva si has hecho una diversificación adecuada de las acciones atendiendo a diferentes criterios: localización de la compañía, sector, volumen de negocio, ciclos, etc. Sin embargo, a veces, observamos una caída pronunciada durante un periodo de tiempo y una recuperación un poco más tarde. Lo que se puede hacer para corregir la desviación es comprar más acciones de una nueva compañía que, en ese "bache", esté ganando dinero. Por ejemplo, si yo tengo entre mis acciones una empresa de helados, es probable que en invierno caigan los beneficios. Si compro una empresa de juguetes, que en Navidad dispare sus ingresos, es bastante seguro que al año siguiente las pérdidas en invierno de los helados se compensen con los beneficios de los juguetes. Hasta aquí una reflexión de sentido común.

 

Cuando un cliente de coaching viene a una sesión sin un reto o un problema muy definido, utilizo un recurso clásico: la rueda de la vida. Hago una especie de diana y en cada uno de los ocho triángulos que la forman recojo un área vital: trabajo, dinero, salud, familia, pareja, ocio, desarrollo personal y entorno físico. El cliente dedica un tiempo a pensar y luego se auto-puntúa en función de la satisfacción con cada área de vida dibujando un triángulo, "una cuña de quesito" más o menos larga en función de la puntuación. Por lo general, la sesión de coaching suele centrarse en un área que se encuentra con baja puntuación o lo que es lo mismo, se trabaja el aspecto que está más "flojo en la vida del cliente". Por ejemplo, si el cliente ve que sus relaciones están poco puntuadas lo más probable es que demande una sesión de coaching con la intención de mejorar su red social, pasar más tiempo con sus amigos, o hacer nuevas amistades.  Hasta aquí una reflexión metodológica.

 

¿Qué podemos deducir? Cuando unas acciones concretas de una cartera de acciones dan mal resultado, se pueden comprar acciones que en ese periodo sean ganadoras, y es, casi seguro, que compensaré mi inversión. Cuando un ámbito de una persona va mal, el coaching actúa acompañando al cliente, incidiendo en esa área que está mal. ¿Qué hacemos cuando se nos pierde el botón de una camisa? Lo sustituimos, lógicamente, por uno idéntico o similar.

 

Pues atención, que aquí viene lo bueno: cuando algún aspecto de nuestra vida va mal, ¿qué hacemos? Nada. Nos quejamos, nos resignamos, nos adaptamos, culpamos a los demás o a la mala suerte, etc. Vamos a ver, ¿por qué no aplicamos el método de la bolsa, el coaching o la camisa? ¿Por qué no nos compensamos la carencia que hemos detectado? Si no sé hablar en público, pues hago un curso de oratoria. Si soy malo organizándome, pues voy a un curso de productividad. Que en mi negocio no vendo, pues hago una formación en ventas o en marketing. Que tengo baja la autoestima, pues hago un curso de crecimiento personal o visito a un psicólogo. Si siento que fallo en mi comunicación por ser muy agresivo o muy pasivo, puedo hacer un curso de educación no violenta. Si tu hijo es una fuente de problemas para mí, mándalo a un coach especializado en adolescentes. Si quieres aprender inglés ve a la escuela de idiomas. Si eres muy desordenado, léete un libro para aprender a organizarte. Y así sigue hasta que

encuentres tu equilibrio personal.

 

Es alucinante, de verdad, que seamos capaces de escribir mal y no se nos ocurra apuntarnos a clases de ortografía; que nos veamos estresados y no pensemos en hacer yoga o meditación, que nos veamos como seres sedentarios y no cojamos un perro de la perrera que nos obligue a caminar; que tengamos la economía hecha una pena y no compremos un libro de introducción a las finanzas personales; que nos duela la espalda y no vayamos al fisioterapeuta; que en el trabajo nos llevemos fatal entre compañeros y no contratemos un especialista en gestión de equipos que nos haga fluir como la seda en seis sesiones.

 

Me pregunto si es una cuestión de costumbre, de desconocimiento, de ahorro, de pereza, de ignorancia o de un sofrito de todo lo anterior. En realidad, es sencillo: si fallas en algo, fórmate y con un poco de tiempo y esfuerzo serás más feliz que antes, cuando sólo sabías lamentarte, quejarte, echar la culpa a los otros o vivir acomodado en una inercia infernal viendo la tele.

 

Es posible mejorar,  amigos: palabra de coach