REPÚBLICA DOMINICANA


Vi la muerte en sus ojos,

buscando su sangre en 

Santo Domingo.

 

Vi el egoísmo supremo:

peleas de gallos y

tiburones asesinos

dentro de un hospital.

 

Vi una vida salvada

por la obstinación infinita

de tres irreductibles y

un expatriado local.

 

Y eso es lo queda

en nuestra maleta,

a pesar de todo.